Lo que creemos saber.

Es complejo para quien nunca se ha dado a la tarea de entender qué es, cómo funciona y para qué sirve el Poder Judicial, comprender las implicaciones que tendrá la reforma que en este sentido propone el Ejecutivo federal, no sólo en lo que se refiere a la impartición de justicia, sino en la dinámica del ejercicio del poder (frenos y contrapesos) en la vida política de nuestra nación.

Es un hecho de que el tema, en aras de colocarse en el ánimo social con el incondicional impulso de los eternos inconformes (los que rara la vez comprenden algo, pero siempre tienen la necesidad de quejarse), se ha planteado a la opinión pública de una forma básica y simplista, pero radical e incendiaria a un mismo tiempo, en el propósito de que eche raíces a partir de, no podemos negarlo, la supina ignorancia y el inflamado ardor de quienes confunden la justicia con la revancha, o con la satisfacción pura y cruda del interés propio (entiéndase: la opinión del pueblo bueno y sabio).

Visto así, habida cuenta de que ignorantes y ardidos es de lo que más nos sobra en este país, debemos reconocer que nuestra sociedad (lamentablemente) es un perfecto caldo de cultivo para hallar eco a iniciativas como ésta, que con un poco más de conocimiento, objetividad y sentido común serían, sin opción de hallar cobijo en alguien distinto a sus perpetradores, a todas luces inadmisibles.

Si bien no es difícil prever lo que se cocina en la mente de quienes nos gobiernan, es verdad que la sociedad, responsable sí de elegirlos, no lo es tanto en la generación de tales ideas u ocurrencias, pues el interés subjetivo, como la perversidad, se bastan a sí mismos para procrearse y acaso encuentran oxígeno para subsistir en las viejas heridas de quienes, desde sus traumas, complejos y abandonos poco tratados y razonados, se sienten representados por quienes dicen comprenderles y desearles un verdadero cambio. Así, en ese sabido y perfeccionado juego del clientelismo político, ni siquiera es necesario (ni deseable, por supuesto) que la huestes sometidas comprendan a detalle la dimensión, alcances y verdadero propósito de tales ideas. Sí lo es, en cambio, que se sientan identificados con una causa aparentemente justa y necesaria, no importa cuan abominable sea (ejemplos de esta manipulación exitosa sobran en la historia) que los lleve a adoptarla con la docilidad de quien lame con gusto sus cadenas.

Pero ¿y qué pasa con los demás que intuyen, presienten o no se sienten identificados con estas posturas, pero tampoco es que comprendan mucho de qué va exactamente la fiesta? Esos también pecan de ignorantes y quizá no en esta, pero seguramente en alguna otra causa, serán tan indeseables y dañinos como lo son ahora aquellos, pues alguna necesidad tendrán, algún interés recóndito les sobrevive o algún vacío habrá por el cual les brillen el ojo y se sumen a empeños, en menor o mayor medida, igual de deleznables.

En conclusión, la ignorancia y el fanatismo, en cualquiera de sus vertientes y en cada una de sus presentaciones, son el verdadero reto a vencer socialmente hablando, si lo que queremos es apartarnos de los vicios y artimañas que políticamente nos van tendiendo. No hay mejor remedio para ello que la creación de una opinión informada y hasta donde sea posible calificada. En lo absoluto se trata, aclaro, de construir dogmas o criterios escritos en piedra (esa es en mi opinión otra manifestación de la pereza intelectual), sino de elaborar, a partir de discernimientos e ideas plurales y sin sesgos, un sentido común y una convicción realmente funcionales para el ejercicio de una crítica constructiva. De otro modo, a pesar de las distancias que creamos nos separan, no seremos sino la representación diversificada, dosificada y saborizada del mismo problema.

En la facultad aprendí que no existe derecho que no traiga implícita una obligación. En este caso, todos tenemos el derecho a opinar; pero tal derecho, que no se nos olvide, conlleva la obligación de hacerlo de manera informada y objetiva. Nada, pues, del otro mundo. Acaso el deber de asumir, en la jactancia de ser sujetos pensantes y racionales, la responsabilidad de saber (así sea medianamente) de lo que estamos hablando.

Si te interesa saber un poco más de la Reforma Judicial, te recomiendo las siguientes lecturas:

Silva, A. A., & Del Río Peduzzi, J. P. (2024). El ABC del dictamen de la reforma judicial. En Revista Nexos. Recuperado el 24 de agosto de 2024, de https://eljuegodelacorte.nexos.com.mx/el-abc-del-dictamen-de-la-reforma-judicial/

Silva, A. A., & Del Río Peduzzi, J. P. (2024). El ABC del Plan C: la reforma judicial. En Revista Nexos. Recuperado el 24 de agosto de 2024, de https://eljuegodelacorte.nexos.com.mx/el-abc-del-plan-c-la-reforma-judicial/

de la Rosa, Y. (2024, junio 17). ¿Qué es la reforma al Poder Judicial de AMLO y en qué consiste? Expansión News. https://politica.expansion.mx/congreso/2024/06/17/reforma-al-poder-judicial-en-que-consiste

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